Adicción al Sexo

Cuando llegué al Centro de Luna, mi vida era un desastre, recientemente mi adicción al sexo había hecho que mi matrimonio terminara y mi doble vida me estaba volviendo a pasar factura. Estaba completamente desolado y sin esperanza. Todo cambió de un día para el otro cuando mi mujer encontró pruebas de mi infidelidad, con el fin de mi relación de pareja empecé a sentir que todo a mi alrededor se derrumbaba. Me vinieron muchos miedos y fobias, lo que más me aterraba era que me quitaran la custodia de mi hija. La situación en casa era insostenible pero no podía abandonar la casa por varios motivos, aunque el día a día era un calvario. Sentía una gran la vergüenza y temía el escarnio público, todo tipo de escenarios catastróficos me rondaban la cabeza y en ese momento me parecían inevitables. Tenía un sentimiento de culpa que me aplastaba y sentía que había destruido mi vida por completo y no me veía con fuerzas de seguir.

Con la ayuda del Equipo en el Centro pude parar, tomar un poco de distancia para pensar con mayor objetividad. Me dí cuenta de que lo que tengo es una enfermedad, que si se entiende como tal se puede tratar, y que esa enfermedad es la adicción.  La adicción al sexo es como cualquier otra adicción, supongo que todos los adictos pensamos que nuestro caso es especial, o que no es nada, que tenemos algo especial que nos hace irredimibles. Aprendí que todas las adicciones tienen rasgos en común y suelen partir de las mismas raíces, infancias complicadas, entornos que favoreces estas conductas y hasta componentes genéticos pueden influir en nosotros y nuestra conducta adictiva. Me di cuenta que no estaba solo, lo que necesitaba era ayuda para salir de esa situación.

Sigo con el tratamiento, y mejoro cada día, con subidas y bajadas, pero con esperanza de mejorar. Entiendo que esto es una enfermedad crónica, con la que hay que aprender a vivir, y sobre todo aprender a tener calidad de vida.