Conciencia de enfermedad y recaída

Reflexiones de una adicta en recuperación sobre la enfermedad de la adicción y las recaídas: carta real

“No olvidemos NUNCA que la adicción está dormida, no está muerta” (1)

En el cuento infantil de “La Bella Durmiente”, el  Príncipe que va a deshacer el maleficio, observa atónito la belleza de Aurora y  perplejo, se imagina que está muerta. El hada madrina revolotea a su alrededor y alegremente le susurra: “está dormida, no está muerta”

En ese momento, el Príncipe despierta a Aurora con un beso de amor y desde entonces son felices y comen perdices. Con el paso de los años incluso llegan a discutir, como cualquier matrimonio, ya que Aurora se empeña en tener el castillo reluciente y el Príncipe se harta de encontrarse el limpiacristales por todas partes. Pero ésa es otra historia.

Las hadas madrinas de Aurora reflejan la virtud de la paciencia, ya que transcurren casi cien años hasta que el hechizo se deshace. El Príncipe nos demuestra que la perseverancia le conduce al éxito,  puesto que había conocido a Aurora previamente y después la perdió de vista. Y, en todo el cuento subyace la esperanza de que todo concluya con un happy end.

Nosotros, los adictos, deberíamos recordar tanto las virtudes que transmite el cuento como la frase que desliza el hada madrina en el oído del Príncipe: “está dormida, no está muerta”, ya que así es la adicción.

Una recaída es previsible, posible y probable durante el proceso de recuperación. Hay que mantener viva la “conciencia de enfermedad”  a lo largo de la vida porque, en mi humilde opinión, es lo único que nos llevará a resetear nuestra conducta para convivir con la adicción de una forma sana, sin anclarnos en el miedo a volver a recaer y sin creernos que ya estamos libres de ella y no queda nada por aprender ni mejorar. Evitar el miedo y la prepotencia a partes iguales.

Cuando eres tú mismo el que vuelve a recaer, lo mínimo que sientes son ganas de encerrarte en el armario de la limpieza.  Cuando el protagonista de la recaída es un amigo, un compañero que respira a tu lado en las reuniones de terapia, un ser humano que rebosa salud, optimismo y alegría de vivir pero está afectado por tu misma enfermedad, te afecta y mucho ya que sientes el palpito latente de nuestra defecto de fábrica.

En cuanto a mí, que rebosaba prepotencia hace unos días, he vuelto a revivir la angustia y el íntimo dolor de mis anteriores recaídas. Si he llorado ha sido tanto por mi compañero como por la certidumbre de que a mí me puede ocurrir lo mismo. Si no voy un pasito por delante de mi mente. Si no hago esto o aquello. Si dejo aparcada la humildad, en definitiva.

Prepotencia, inconstancia, ceguera ante nuestros factores de riesgo, etc. Sólo los profesionales pueden ayudarnos a fortalecer nuestra defensa. Por mi parte, repetiré cada noche antes de recostarme en los brazos de Morfeo una frase mágica con la que me imaginaré al Príncipe y el aroma desagradable de mi adicción será más soportable: “Está dormida, no está muerta”.

  • Nota de la autora(1)

Galatea.

4/2/19