Dejar la droga: una carta real (II)

Esta carta real es la segunda parte de la carta real de un ex drogodependiente que ya publicamos hace un tiempo sobre cómo dejar la droga. Un año después, esta persona explica cómo se enfrentó al proceso de desintoxicación y deshabituación para alcanzar una vida libre, sin cadenas. 

Un año en recuperación. El comienzo de una vida sin cadenas.

Un 12 de octubre hace 365 días emprendí el mejor viaje de mi vida. No iba a un spa, ni a una isla paradisíaca, ni tan siquiera se trataba de una excursión, un camping o una agradable estancia en una casa rural alejada de la civilización; hubiera estado bien, pero no era lo que yo necesitaba. Este destino era muy diferente a todo lo explorado tiempo atrás.

Llevaba dos maletas con equipaje. En la primera, los atuendos físicos y materiales, ropa, aseo y algo de literatura. La segunda, la intangible y la más importante, estaba llena de indumentaria vital para la supervivencia en esta aventura: esperanza, valentía, compromiso, amor, coraje y temor, mucho miedo.

Hablemos del miedo como algo positivo en este caso. El ser humano necesita experimentar miedo para lograr sobrevivir, hacia lo desconocido, miedo a fracasar, pánico a no encajar y auténtico terror en mi caso a no conseguir cumplir los objetivos previstos del viaje y perder para siempre el billete de regreso a casa.

Porque sin este miedo caeremos sin remedio en el engaño de nuestra enfermedad, esa confianza irreal en nosotros mismos que casi nos hace perderlo todo, esa falsa sensación de creer controlar el mundo desde nuestra pequeña burbuja anestesiada. Esto se acabó.

El único pasaporte que necesitaba para cruzar la frontera de mis ideas irracionales era la aceptación, asumir que había tocado fondo, desnudarme por completo y hacerme pequeño, volver a ser como un bebé que empieza a contemplar cómo se mueve el mundo a su alrededor. Este fue el viaje del aprendizaje del alma, del reencuentro con mi mejor versión, la que aún no conocía y a día de hoy sigo conociendo, la que tan feliz me va a hacer y tanto amor y cariño me va a ayudar a compartir.

No fue nada ameno el principio del viaje, lleno de turbulencias psicológicas para empezar, con escalas frustrantes e interminables. Por primera vez me dijeron desde arriba como tenía que organizarme cuando aterricé, como confeccionar los horarios de trabajo, ellos controlaban también mi sueño e incluso la hora de despertarme, me penalizaban si no llegaba a mi hora a las reuniones, y algo insólito, me hicieron renunciar a casi todo lo que me gustaba, y lo que es aún más raro, sustituirlo por cosas que nunca hice antes y que parecían muy pero que muy aburridas pero que a día de hoy disfruto como nunca en mis días.

El hotel era de lo más insólito, ni restaurante, ni servicio de habitaciones, ni de lavandería, tan solo una despensa con alimentos, lavadora y herramientas para subsistir. Y por primera vez en mi vida vi que los que regentaban el hotel te vigilaban continuamente y te obligaban a ir al gimnasio y a mantener tu propia higiene, día a día, trabajo físico, mental, tareas del hogar y vuelta e empezar. Sin darme cuenta había añadido en la maleta intangible la perseverancia, la disciplina y la conciencia de enfermedad.

Más adelante también hubo espacio para la sinceridad y la honestidad, aunque tuve que sacar de la maleta la manipulación y la mentira. También me hicieron tirar a la basura el miedo y cambiarlo por el respeto, saque también la impulsividad y la sustituí por la paciencia y la coherencia.

Por fin llegó el momento de emprender la segunda parte de este maravilloso viaje, con mucho trabajo conseguí mi billete de regreso esta vez en el tren de la felicidad, de vagón en vagón a cada cual más lleno de luz y color, con toda la indumentaria necesaria también me otorgaron una valiosa guía para poder vivir bien con mis nuevas herramientas, me dijeron que tenía que trabajar duro para conseguir añadir la constancia al equipaje y a día de hoy sigo viajando con ilusión, con ahínco, con ganas de vivir y con este equipaje de mano infinito siempre conmigo, siempre abierto y dispuesto a llenarlo de alegrías, de sensaciones.

De vida.

Gracias de todo corazón a los que me acompañáis a diario en este viaje. En el viaje de la prosperidad.