La Codependencia

La situación creada en la familia cuando uno de los miembros padece una adicción, termina por afectar de forma importante a la vida de todos los que conviven con él, de manera que el adicto no es el único que está enfermo, sino que todas las personas más allegadas a él estarán siendo afectadas emocionalmente.
El codepender implica centrar la atención en los estados de ánimo de otras personas, de su conducta, de la manera en que nos trata y de sus estados de ánimo, de una necesidad de estar en contacto para alcanzar un estado de bienestar propio. Por ello, en el campo de estudio de las personas cercanas a alguien que padece una adicción se entiende como alguien que se encarga de cuidar y proteger a un adicto, al grado que se involucra en todos los aspectos de su vida en un intento por salvarlo.
Una persona que padece de esta clase de dependencia hacia una persona adicta experimenta un sufrimiento real cuando presenta recaídas y ante cualquier estado que frustre su camino hacia la recuperación y llega a involucrarse en situaciones conflictivas y a desarrollar conductas que son tan preocupantes como las que presenta el propio adicto.
Los problemas surgidos a partir de las conductas codependientes y la influencia que tienen en la disminución de la calidad de vida de quienes las presentan hacen necesario que se busque un tratamiento y se siga un programa que les permita a los individuos recuperar su salud.

Síntomas generales:

– Sobreprotección (responsabilizarse por el bienestar de los demás, mentir por otros…)
– Necesidad de control (vigilar, corregir, cambiar a los demás…)
– Rescatar (liberar de los problemas a los demás)
– Pérdida de límites (¿Hasta dónde me corresponde? Incapacidad de decir no. Renuncian a sus propias necesidades, etc.)
– Baja autoestima (miedo al abandono, inseguridad, etc.)
– Tolerancia alta (“aguantan” y toleran actitudes de otras personas. Permiten que se les invada)
– Funcionamiento en espejo (por ejemplo: Si él o ella está bien, yo estoy bien; pero si está mal, yo estoy peor)

Si te sientes identificado en lo que has leído, llámanos; podemos ayudarte.

Centro Psicoterapéutico Deluna

Quiénes somos. Centro DeLuna

Artículo publicado en el periódico Qué! sobre nuestro Centro

El mejor tratamiento para adicciones en el Centro Psicoterapéutico Deluna

Cualquier adicción es peligrosa si no se trata a tiempo. Desde algo tan aparentemente inocente como puede ser el uso del teléfono móvil hasta el consumo de sustancias ilegales, hay un enorme abanico de posibles escenarios que requieren tratamiento en el caso de que haya excesos, y para ello no hay nada como contar con las manos de los mejores expertos que pueda haber.

Y eso es precisamente lo que ofrece el Centro Psicoterapéutico Deluna. Un Centro especializado en el tratamiento de las adicciones y otras psicopatologías que cuenta con un equipo de expertos que están al tanto tanto de los procesos como de la más nueva terapia que pueda haber en el momento. Buscan lo mejor y más eficaz para ayudar a las personas que necesitan salir de la terrible espiral de la adicción.

Ubicado en Madrid, este Centro Terapéutico nació con la firme intención de tender la mano a todo aquel que necesite un servicio y una rehabilitación de calidad. Así, su compromiso es total con cada paciente, ofreciendo un servicio completamente profesional y personalizado para cada persona. Todo ello, además, a través de la labor de un personal completamente cualificado, experimentado y, por supuesto, con las correspondientes titulaciones para ejercer.

De esta forma, Deluna cuenta con un equipo repleto de profesionales que, además, están especializados en diferentes materias, permitiendo así la elaboración de tratamientos completamente integrales, en los que se lleven a cabo todas las etapas propias para solucionar los casos de adicción, es decir, la desintoxicación, la deshabituación y la reinserción. Aunque siempre de forma ambulatoria.

Deluna, a la vanguardia en tratamientos de desintoxicación

Los servicios que se ofrecen en el Centro Psicoterapéutico Deluna cubren aspectos tan habituales como las consultas tanto psiquiátricas como psicológicas, pero también otros como las terapias de grupo, las terapias de pareja, los grupos de apoyo familiar o incluso el coaching. Su abanico es bastante amplio, aunque en los últimos años ha captado poderosamente la atención por una propuesta en concreto: el tratamiento de la adicción a las nuevas tecnologías.

En España, el 85% de la población se conecta a internet y el 80% utiliza teléfonos móviles a diario, con un 50% del total de la población activa en redes sociales. Números que se están convirtiendo en la norma habitual de la sociedad del siglo XXI pero que, por otra parte, esconde una cifra que es realmente preocupante: los españoles pasan una media de 5 horas y media online a diario, con cerca de 2 solo en redes sociales.

Esto es algo que se nota especialmente en jóvenes y niños que, precozmente, acceden al entorno digital de manera constante a través de sus teléfonos móviles. El abuso de las nuevas tecnologías está despertando una importante preocupación en las familias españolas, haciendo de la labor de centros como Deluna algo especialmente importante.

Aquí se cuenta con un tratamiento totalmente especializado para resolver la adicción tanto a internet como a los teléfonos móviles. Se realiza un seguimiento riguroso del paciente y se siguen las terapias más avanzadas para conseguir resolver un problema que lleva poco tiempo apareciendo en los hogares, pero que está golpeando con una fuerza bastante inusual.

Así, los expertos que se reúnen en este centro hacen un tratamiento integralque se prolonga incluso después de la reinserción del paciente, una vez ha superado su adicción. Se conciertan citas a posteriori para comprobar el progreso del individuo y, así, ver que, en efecto, ha conseguido salir adelante y recuperarse.

Un sistema que no sería ni la mitad de eficaz de no ser por la potente preparación de los profesionales del centro Deluna, como también del afán por estar al tanto de las necesidades de las familias en la actualidad. Su mayor preocupación es conseguir que cada paciente salga de sus instalaciones totalmente recuperado y listo para seguir una vida normal, sin preocupaciones ni problemas por culpa de las adicciones.

Si bien es cierto que sus servicios van más allá de la solución de este tipo de psicopatologías, es en ellas donde más demuestran su utilidad y su eficaz. Psicólogos y psiquiatras expertos forman parte de su plantilla, una en la que se persigue una constante mejora en los tratamientos para conseguir también una mejora en los resultados.

El de la adicción es un terreno complicado. Sin embargo, con la ayuda de profesionales como los que se pueden encontrar aquí, puede resolverse de forma segura. Por supuesto, es algo que requiere tiempo y paciencia, pero, cuando se hace a través de las mejores manos posibles, todo puede resolverse con una mayor celeridad para gozar de una salud total tanto física como mental.

Adicción a la cocaína

El consumo de cocaína está habitualmente asociado con ambientes de ocio.

Erróneamente, se ha venido pensando que el perfil habitual del consumidor de cocaína es el de una persona tímida que quiere tener una actitud más sociable en determinados eventos, pero cada vez se extiende más su consumo entre personas que salen de fiesta y quiere bailar o beber durante más tiempo o entre aquellos que la usan para aumentar su actividad y así, el rendimiento o para mitigar los efectos del cansancio. Para algunas personas, la cocaína se convierte en el modo de estar activo y así realizar el trabajo más rápido. No obstante, la adicción a la cocaína suele empezar y acabar de la misma forma: problemas de salud, problemas de relación, cambios en el estado de ánimo, problemas económicos, etc.

Los efectos negativos de consumir cocaína pueden afectar a la salud y al funcionamiento adecuado de la persona en diferentes contextos de su vida

Síntomas del consumo  de cocaína

Destacamos a continuación los más relevantes

  • Ansiedad
  • Taquicardia
  • Sequedad de la boca
  • Verborrea
  • Hiperactividad
  • Falta de apetito
  • Descomposición de estómago
  • Hemorragias nasales
  • Síntomas paranoicos en dosis altas
  • Insomnio
  • Congestión nasal
  • Rinitis

Síntomas de adicción a la cocaína

Destacamos a continuación los más relevantes

  • Consumo de dosis mayores a las planificadas
  • Abandono de actividades importantes por consumir la sustancia
  • Dificultad para adquirir responsabilidades
  • Pérdida de peso
  • Pérdida y/o disminución del sentido del olfato
  • Aislamiento social
  • Problemas sociales, familiares, laborales
  • Craving
  • Irritabilidad
  • Irascibilidad
  • Suspicacia
  • Problemas económicos

La recaída

Podemos entender la enfermedad adictiva como enfermedad crónica con tendencia natural a la recaída. La mejor forma de prevenirlas, es aceptando dicho riesgo y conociendo en qué consiste dicho proceso.

Con frecuencia se sobreentiende que la recaída consiste en volver a usar la sustancia pero, en realidad, cuando hablamos de recaída debemos referirnos a todo el proceso que va desde un estado de abstinencia sostenida hasta el nuevo consumo en sí. Este proceso ocurre a lo largo del tiempo manifestándose a través de una serie de síntomas consistentes a la vuelta a antiguos patrones de pensamientos y conductas que se creían superados.

Este proceso está formado por la toma de una serie de decisiones de riesgo, aparentemente sin importancia, que tienen efecto acumulativo, lo que lleva a construir el camino de la recaída, llevando al adicto a una situación difícilmente resistible y colocándole en un punto donde ya es imposible dar marcha atrás, convirtiéndose inminente la búsqueda y el consumo. Es por ello que podemos decir que la recaída se inicia con una vuelta a los antiguos patrones  de conducta, aunque aún no se haya producido el consumo.

Definición de la Recaída

La recaída se define como el proceso de retroceso a los patrones de comportamiento y pensamiento típicos de la adicción activa, que ya se habían superado, y que finalmente llevan de vuelta al uso, retrocediendo hasta llegar de vuelta al estado de enfermedad adictiva que existía antes de comenzar la recuperación.

Para poder hablar de recaída el adicto debe haber estado previamente abstinente  en proceso de recuperación, acompañado de cambio de patrones de conducta, por un período significativo de tiempo ya que  por el hecho de no haber consumido por un tiempo, el volver a consumir, no necesariamente es una recaída. Podría tratarse de episodios de consumo alternos, dentro de un período de adicción activa.

Síntomas de una Recaída

Una persona en recuperación puede manifestar síntomas de una recaída mucho antes del consumo. Identificar estos síntomas y tratarlos a tiempo puede ser la clave para prevenir una recaída:

  1. Sentimientos depresivos y ansiedad
  2. Actitud desafiante respecto al proceso de recuperación
  3. Vuelta del pensamiento obsesivo respecto al uso de la sustancia
  4. Irritabilidad, resentimiento y actitud defensiva
  5. Insomnio, intranquilidad

Estos son solo algunos de los síntomas, aunque no siempre has de darse de igual forma e intensidad.

 

Conciencia de enfermedad y recaída

Servicios

Reflexiones de una adicta en recuperación sobre la enfermedad de la adicción y las recaídas: carta real

“No olvidemos NUNCA que la adicción está dormida, no está muerta” (1)

En el cuento infantil de “La Bella Durmiente”, el  Príncipe que va a deshacer el maleficio, observa atónito la belleza de Aurora y  perplejo, se imagina que está muerta. El hada madrina revolotea a su alrededor y alegremente le susurra: “está dormida, no está muerta”

En ese momento, el Príncipe despierta a Aurora con un beso de amor y desde entonces son felices y comen perdices. Con el paso de los años incluso llegan a discutir, como cualquier matrimonio, ya que Aurora se empeña en tener el castillo reluciente y el Príncipe se harta de encontrarse el limpiacristales por todas partes. Pero ésa es otra historia.

Las hadas madrinas de Aurora reflejan la virtud de la paciencia, ya que transcurren casi cien años hasta que el hechizo se deshace. El Príncipe nos demuestra que la perseverancia le conduce al éxito,  puesto que había conocido a Aurora previamente y después la perdió de vista. Y, en todo el cuento subyace la esperanza de que todo concluya con un happy end.

Nosotros, los adictos, deberíamos recordar tanto las virtudes que transmite el cuento como la frase que desliza el hada madrina en el oído del Príncipe: “está dormida, no está muerta”, ya que así es la adicción.

Una recaída es previsible, posible y probable durante el proceso de recuperación. Hay que mantener viva la “conciencia de enfermedad”  a lo largo de la vida porque, en mi humilde opinión, es lo único que nos llevará a resetear nuestra conducta para convivir con la adicción de una forma sana, sin anclarnos en el miedo a volver a recaer y sin creernos que ya estamos libres de ella y no queda nada por aprender ni mejorar. Evitar el miedo y la prepotencia a partes iguales.

Cuando eres tú mismo el que vuelve a recaer, lo mínimo que sientes son ganas de encerrarte en el armario de la limpieza.  Cuando el protagonista de la recaída es un amigo, un compañero que respira a tu lado en las reuniones de terapia, un ser humano que rebosa salud, optimismo y alegría de vivir pero está afectado por tu misma enfermedad, te afecta y mucho ya que sientes el palpito latente de nuestra defecto de fábrica.

En cuanto a mí, que rebosaba prepotencia hace unos días, he vuelto a revivir la angustia y el íntimo dolor de mis anteriores recaídas. Si he llorado ha sido tanto por mi compañero como por la certidumbre de que a mí me puede ocurrir lo mismo. Si no voy un pasito por delante de mi mente. Si no hago esto o aquello. Si dejo aparcada la humildad, en definitiva.

Prepotencia, inconstancia, ceguera ante nuestros factores de riesgo, etc. Sólo los profesionales pueden ayudarnos a fortalecer nuestra defensa. Por mi parte, repetiré cada noche antes de recostarme en los brazos de Morfeo una frase mágica con la que me imaginaré al Príncipe y el aroma desagradable de mi adicción será más soportable: “Está dormida, no está muerta”.

  • Nota de la autora(1)

Galatea.

4/2/19

¿Cómo puedo saber si tengo un problema con las drogas?

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La decisión de tomar drogas es voluntaria. Uno decide que quiere drogarse pero, poco a poco, las sustancias adictivas hacen que el organismo acabe perdiendo el control y drogarse se convierta en algo involuntario. En pocas palabras, cuanta más droga tomes, más droga querrás. Si has llegado hasta aquí es porque desconoces si tienes un problema con las drogas y eso significa que ya has dado un primer paso.

Para poder responder a esta pegunta, te planteamos tres cuestiones básicas que te ayudarán a identificar si realmente tienes un problema con el consumo de drogas.

¿Usas o abusas de las drogas?

La primera reflexión que debes hacer es si sueles hacer un uso esporádico de las drogas o si crees que  has rebasado el límite convirtiéndolo en  abuso.

El uso se refiere a aquella relación con la sustancia que bien por su frecuencia, cantidad o situación biopsicosocial del sujeto, no se observan consecuencias inmediatas sobre este  y/o su entorno.

El abuso se refiere a aquella relación con la sustancia que bien por su frecuencia, cantidad y/o situación biopsicosocial del sujeto, produce consecuencias negativas sobre este y su entorno.

¿Te generan dependencia las drogas?

Siguiendo las consideraciones de la OMS, podemos entender la dependencia como aquella pauta de comportamiento en la que se prioriza el uso de una sustancia psicoactiva frente a otras conductas consideradas antes como más importantes. Es decir, pones por delante del trabajo o los amigos, drogarte.

¿En alguna ocasión te has parado a pensar que puedes tener un problema con alguna sustancia pero no sabes identificarlo?

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A menudo, muchas personas hacen uso de sustancias adictivas sin pensar en lo fácil que puede llegar a convertirse en una adicción si no manejamos la información necesaria y si no somos prudentes a la hora de usarlas. Si bien es cierto que lo correcto es no usar ninguna de las drogas ilegales, hay otras -como el alcohol- que están legalizadas y son socialmente aceptadas e incluso bien visto su uso en determinadas situaciones. Ya hablamos de ello en este post sobre los beneficios de tomar una copa de vino al día.

¿Notas algún síntoma extraño?

Peo, ¿cómo saber si has rebasado el límite de un uso prudente? A continuación te indicamos algunas señales de que algo no anda bien:

  • Uso la sustancia a solas a menudo.
  • Hago uso de la sustancia cuando me siento mal/frustrado/enfadado.
  • Me cuesta concentrarme.
  • Hago uso de la sustancia para integrarme en el grupo.
  • Me cuesta levantarme para iniciar mi rutina diaria.
  • Comienzo a descuidar mis responsabilidades laborales/familiares/escolares.
  • Comienzo a descuidar mi aspecto físico e higiene.
  • Me siento irritable frecuentemente.
  • Miento a menudo.
  • Estoy a la defensiva.
  • Estoy desarrollando conductas compulsivas.
  • Hago uso de la sustancia para evadirme de los problemas.
  • A pesar de que me sienta mal, hago uso persistente de la sustancia.
  • Necesito la sustancia para sentirme bien.

Estas son algunas de las señales que nos avisan de que estamos perdiendo el control o que ya lo hemos perdido.

Dicho todo esto, te preguntarás si puedes dejar las drogas solo, si puedes dejar las drogas de golpe, si puedes dejar las drogas para siempre. Lo que te podemos asegurar es que no podrás dejar las drogas sin ayuda y, por ello, estamos aquí para ayudarte. En Centro DeLuna somos expertos en el tratamiento de adicciones. ¡Consúltanos!

Adicciones en Navidad: Carta real de una adicta

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NUEVA ZELANDA O EL ARMARIO

Soy una adicta que lleva sin consumir unos quince días seguidos, aunque,  en justicia tengo que confesar que antes de esta gloriosa quincena he estado tres meses ingresada y después, he vuelto a subirme a la noria de las recaídas.

Y hoy, el calendario nos ha disparado, a mis compañeros adictos y a mí, una carga de dinamita con temporizador: la Navidad.

En cuanto se ha escuchado la palabra mágica, nos hemos mirado y la  acogedora sala de terapia se ha llenado de lamentos, tan torpes como francos. Desde el alborozo ante la perspectiva de abandonar (por unos días, no vaya usted a creer ) la silla-confesionario hasta los ayes y lamentos que presagian este contratiempo para nuestra recuperación.

Un contratiempo. Un pegote de yeso en el duro camino que estamos y estoy recorriendo. Esto es para mí la Navidad. Ni el Belén, ni los villancicos,  ni el árbol de Navidad… Esta vez me toca el castillo de Herodes, y ojalá. Porque estoy aterrorizada. Hasta el tuétano.

Como aperitivo, algunos de mis compañeros de terapia faltarán por unos días a nuestra saludable puesta en común. La paz interior que me aportan las intervenciones de todos ellos se verá truncada, puesto que algunos de ellos, si bien son hirientes como dagas, también son tan certeros como dicen que son las bombas inteligentes.

A las inevitables ausencias tengo que añadir que, durante unos días, la saludable rutina impuesta por el proceso de recuperación se va a suspender. Mis compañeros serán sustituidos por la invasión de los ultracuerpos y de mi suegra, mi familia política, que tomará posesión de mi hogar, mis langostinos (porque los voy a pagar yo), mi besugo al horno (porque lo voy a cocinar yo) y consumirán mi tóxico como si no hubiera un mañana.

“Este año, mi amor, como estás recuperándote, encargamos la cena en un catering”, dice Mi Santo Esposo. Y UN CUERNO. Será descarado y cínico…Si ahora, justamente ahora, yo empezaba a convivir con el mono y lo estoy pasando de pena. Si mi apacible rutina va a dar paso a un estrés del carajo escoltado por el quisquilloso mono que tanto me cuesta superar…

Llegará el catering, pero el mantel de hilo con encaje de Almagro, la vajilla de mi abuela, la cristalería de su tía y la cubertería de no sé quién tendrán que colocarse. Y esta vez, este puñetero año, no voy a tener a mano mi botella de JB escondida en la lavadora!!! Con lo relajada que me he mantenido en otras Navidades ahogando las sandeces de los ultracuerpos sorbito a sorbito, mientras acarreaba platos y bandejas de la cocina al salón…

“Bueno, al recoger la mesa, te pimplas con los restos de los vasos porque total, nadie se va a fijar…”. Así susurra mi mente adicta. Voy a pasar un monazo que ya quisiera King Kong.

¿ Y cómo voy a sobrevivir al desparrame de cuerpos y paquetes que pulula en estos días por las calles? Hasta la sana costumbre de acudir todos los días al gimnasio se suspende desde ya. Porque el aroma de la Navidad disipa la lucidez hasta en las charlas de la piscina.

Los adictos no podemos esquivar, en estas fechas, el ataque de la artillería pesada. Solo podemos fantasear con coger un avión y plantarnos en Nueva Zelanda, con playitas pero sin daiquiris. O meternos el día veintidós en un armario y no salir del mismo hasta el día siguiente a la fiesta de Reyes.

Por mi parte, me encomendaré al Niño Jesús. Si careció de cunita y pañales, Él sabrá lo que es celebrar su cumple sin tóxico. Y me ayudará a vencer esta horripilante batalla que se aproxima para conseguir, pasito a pasito, partido a partido, ganar esta guerra.

Galatea. 9/12/2018.

 

 

Dejar la droga: una carta real (II)

dejar la droga

Esta carta real es la segunda parte de la carta real de un ex drogodependiente que ya publicamos hace un tiempo sobre cómo dejar la droga. Un año después, esta persona explica cómo se enfrentó al proceso de desintoxicación y deshabituación para alcanzar una vida libre, sin cadenas. 

Un año en recuperación. El comienzo de una vida sin cadenas.

Un 12 de octubre hace 365 días emprendí el mejor viaje de mi vida. No iba a un spa, ni a una isla paradisíaca, ni tan siquiera se trataba de una excursión, un camping o una agradable estancia en una casa rural alejada de la civilización; hubiera estado bien, pero no era lo que yo necesitaba. Este destino era muy diferente a todo lo explorado tiempo atrás.

Llevaba dos maletas con equipaje. En la primera, los atuendos físicos y materiales, ropa, aseo y algo de literatura. La segunda, la intangible y la más importante, estaba llena de indumentaria vital para la supervivencia en esta aventura: esperanza, valentía, compromiso, amor, coraje y temor, mucho miedo.

Hablemos del miedo como algo positivo en este caso. El ser humano necesita experimentar miedo para lograr sobrevivir, hacia lo desconocido, miedo a fracasar, pánico a no encajar y auténtico terror en mi caso a no conseguir cumplir los objetivos previstos del viaje y perder para siempre el billete de regreso a casa.

Porque sin este miedo caeremos sin remedio en el engaño de nuestra enfermedad, esa confianza irreal en nosotros mismos que casi nos hace perderlo todo, esa falsa sensación de creer controlar el mundo desde nuestra pequeña burbuja anestesiada. Esto se acabó.

El único pasaporte que necesitaba para cruzar la frontera de mis ideas irracionales era la aceptación, asumir que había tocado fondo, desnudarme por completo y hacerme pequeño, volver a ser como un bebé que empieza a contemplar cómo se mueve el mundo a su alrededor. Este fue el viaje del aprendizaje del alma, del reencuentro con mi mejor versión, la que aún no conocía y a día de hoy sigo conociendo, la que tan feliz me va a hacer y tanto amor y cariño me va a ayudar a compartir.

No fue nada ameno el principio del viaje, lleno de turbulencias psicológicas para empezar, con escalas frustrantes e interminables. Por primera vez me dijeron desde arriba como tenía que organizarme cuando aterricé, como confeccionar los horarios de trabajo, ellos controlaban también mi sueño e incluso la hora de despertarme, me penalizaban si no llegaba a mi hora a las reuniones, y algo insólito, me hicieron renunciar a casi todo lo que me gustaba, y lo que es aún más raro, sustituirlo por cosas que nunca hice antes y que parecían muy pero que muy aburridas pero que a día de hoy disfruto como nunca en mis días.

El hotel era de lo más insólito, ni restaurante, ni servicio de habitaciones, ni de lavandería, tan solo una despensa con alimentos, lavadora y herramientas para subsistir. Y por primera vez en mi vida vi que los que regentaban el hotel te vigilaban continuamente y te obligaban a ir al gimnasio y a mantener tu propia higiene, día a día, trabajo físico, mental, tareas del hogar y vuelta e empezar. Sin darme cuenta había añadido en la maleta intangible la perseverancia, la disciplina y la conciencia de enfermedad.

Más adelante también hubo espacio para la sinceridad y la honestidad, aunque tuve que sacar de la maleta la manipulación y la mentira. También me hicieron tirar a la basura el miedo y cambiarlo por el respeto, saque también la impulsividad y la sustituí por la paciencia y la coherencia.

Por fin llegó el momento de emprender la segunda parte de este maravilloso viaje, con mucho trabajo conseguí mi billete de regreso esta vez en el tren de la felicidad, de vagón en vagón a cada cual más lleno de luz y color, con toda la indumentaria necesaria también me otorgaron una valiosa guía para poder vivir bien con mis nuevas herramientas, me dijeron que tenía que trabajar duro para conseguir añadir la constancia al equipaje y a día de hoy sigo viajando con ilusión, con ahínco, con ganas de vivir y con este equipaje de mano infinito siempre conmigo, siempre abierto y dispuesto a llenarlo de alegrías, de sensaciones.

De vida.

Gracias de todo corazón a los que me acompañáis a diario en este viaje. En el viaje de la prosperidad.